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Giuseppe Cottone (Pino): una vida entregada por el Evangelio en Ecuador

Durante los últimos tres días, miles de personas de todas las regiones del Ecuador han querido dar su último adiós a Giuseppe Cottone, “Pino”, en unos funerales llenos de fe, de emoción y de agradecimiento por toda una vida entregada al anuncio del amor de Dios, en su retorno a la casa del Padre Celestial.

Él y su esposa Giuseppa Tinti “Pina”, llegaron al país en enero de 1974. Vinieron como catequistas misioneros itinerantes del Camino Neocatecumenal, y durante 45 años recorrieron todo el Ecuador anunciando la Buena Noticia. “Cristo ha vencido la muerte con su cruz y su resurrección”. Quien acoge este anuncio puede comenzar un itinerario de Iniciación Cristiana en las parroquias.

Llegaron al Ecuador desde Roma (Italia), dejando casa y trabajo, invitados por el presbítero salesiano el P. Julio Scarparo a su parroquia en Sucúa para abrir este Camino de fe para los alejados de Cristo y su Iglesia. Junto a ellos el P. Juanjo López, presbítero español, y un joven italiano, Mauro Ceschin. Los cuatro formaron el primer equipo responsable del Camino Neocatecumenal en el Ecuador.

Pino y Pina conocieron esta realidad eclesial en la Primera Comunidad de la parroquia de los Mártires Canadienses de Roma. Fue allí donde sintieron esta llamada a la evangelización. Fruto de estos años de evangelización en el Ecuador, el Camino Neocatecumenal cuenta con 490 comunidades en 98 parroquias de 42 ciudades y 18 diócesis en el país.

Desde que Pina falleció hace un año y tres meses, se agudizaron sus problemas de salud.

El 28 de noviembre de 2019 a las tres de la tarde, a la edad de 85 años, Pino Cottone volvió a la casa del Padre, y ahora con Pina, goza de la Vida Eterna.

La mañana del día viernes 29 de noviembre el arzobispo de Guayaquil, Mons. Luis Gerardo Cabrera, presidió una Misa solemne en la Catedral junto a Mons. Walter Heras, Obispo de Loja y 18 presbíteros. Ese mismo día, por la tarde, Pino fue llevado a Cuenca y en la Catedral, el P. Francisco Calle presidió la Misa de cuerpo presente, acompañado por hermanos del Austro ecuatoriano y de Loja y 19 presbíteros.

El día siguiente, sábado 30 de noviembre el féretro llegó a Quito, a la Parroquia de San Isidro de “El Inca”. Allí se oficiaron Laudes y se instaló la capilla ardiente para que los hermanos de Quito pudieran dar su último adiós a Pino.

A las 12:30 y a hombros de los hermanos del Camino Neocatecumenal, fue llevado a la Iglesia Parroquial donde el P. José Miguel Asimbaya, Vicario General Administrativo de la Arquidiócesis de Quito, presidió la Misa Solemne de despedida junto a otros 16 presbíteros, diáconos y los seminaristas del Seminario Redemptoris Mater. A esa misma hora, su comunidad en Roma, celebró la Eucaristía de acción de Gracias a Dios por la vida de Pino.

La liturgia de la fiesta de San Andrés resultó apropiada y en su homilía el P. Asimbaya dijo: “todos los que estamos aquí hoy, gracias al Anuncio del Evangelio que hemos escuchado de nuestros catequistas (Pino y Pina) y a la necedad de la predicación, hemos creído”.



Los Catequistas de la Nación y la primera comunidad de la parroquia cantaron el credo con fe, alrededor del cuerpo de Pino. En el último mensaje que Pino envió a los hermanos del Camino, dijo:

La vida vale la pena vivirla, porque Dios nos ama y esto nos hace amar a los otros, lo que es más difícil. Les quiero a todos y Ustedes me quieren a mí. Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo les bendigan ahora y siempre.

Sus restos mortales descansan, junto a los de su esposa, en el Camposanto Monteolivo en Quito.



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